Secretariado diocesano de Migraciones y Movilidad humana.
Se acaba de aprobar un Decreto por el que miles de personas inmigrantes en situación de irregularidad administrativa podrán acceder al permiso de residencia y de trabajo en España.
Ante la avalancha de preguntas, de comentarios y de informaciones no siempre veraces, como director del Secretariado Diocesano de Pastoral de Migraciones y Movilidad Humana, veo la necesidad de escribir estas líneas, para aclarar cuál es la postura cristiana ante este hecho y para contrarrestar algunas ideas falsas que están circulando y causan inseguridad y zozobra en muchas personas de buena voluntad.
Antes que nada, debemos recordar que la luz que ilumina a los cristianos para conformar nuestra opinión y tomar posturas es la del Evangelio, y no las opiniones o posicionamientos de los diferentes líderes políticos u tertulianos de cualquier signo. El debate libre y plural enriquece nuestra convivencia, pero para un cristiano el Evangelio, la Buena Noticia de Jesús, es siempre la primera y principal referencia. Los cristianos “estamos en el mundo” pero no “somos del mundo”, aunque a menudo tendemos a olvidarlo.
Para los cristianos, acoger al emigrante no es algo optativo. Es un mandato del mismo Jesús en el Evangelio: “Fui forastero y me acogisteis”, leemos en Mateo 25,35. Bien claro: la acogida no es algo accesorio o prescindible para un cristiano. Acoger, Proteger, Promover e Integrar, son los cuatro verbos que la Iglesia nos propone a los cristianos, especialmente a quienes nos movemos en la pastoral con migrantes.
Por ello insistimos en que para los cristianos, siendo lícito debatir las maneras concretas en que el estado organice la convivencia, acoger es parte irrenunciable de nuestra identidad. Históricamente, la acogida ha sido parte esencial de la actuación de la Iglesia a lo largo de los siglos, desde los primeros cristianos hasta la actualidad. La hospitalidad está en nuestro ADN. Es significativo que en la misma fachada de nuestra Catedral de Oviedo, hay una inscripción oficial antigua que dice “Yglesia de asilo”. Hoy ese “asilo” se traduce en acogida.
Como valoración global, asumimos las declaraciones del Presidente de la Conferencia Episcopal Española, y de los responsables de la Pastoral de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española: la regularización de las personas que ya están entre nosotros es “un acto de justicia social” que “reconoce la dignidad de muchas personas que estaban ya trabajando y no podían ni siquiera cotizar”.
No debemos dar más importancia a las circunstancias que rodean este decreto que al contenido del mismo. No desviemos nuestra atención de lo realmente importante. Lo importante no el cómo o el quién, sino cómo afecta a miles de personas que están en una situación de gran sufrimiento. Y por eso nos alegramos de que su situación vaya a mejorar.
En este caso concreto, hay que aclarar que no se trata de un invento de dos partidos políticos que ahora se sacan un as de la manga. Hay todo un trasfondo, un movimiento ciudadano sin precedentes en nuestro país, en el que estuvimos implicados los miles de personas, entre ellas muchísimos cristianos: Una Iniciativa Legislativa Popular en la que participaron más de 1.000 organizaciones sociales de un amplísimo espectro ideológico, con más de 17.000 personas voluntarias que recogieron firmas en el plazo indicado por la ley, que fue firmada con las garantías y requisitos que marca la ley por más de 700.000 ciudadanos/as españoles, y que, sometida a votación en el Parlamento, recibió 317 votos a favor para su tramitación parlamentaria en el Pleno del Congreso en abril de 2024, y solo 17 votos en contra. Entre esas miles de organizaciones y voluntarios había una enorme presencia de organizaciones, grupos y personas católicas, apoyados por infinidad de parroquias y de instituciones eclesiales, y animados desde la Conferencia Episcopal Española. A ellos es a quienes corresponde de verdad el protagonismo. Es una pena que a la hora de aprobar la medida, nuestros políticos de todos los signos no hayan sido capaces de reproducir esa amplísima mayoría que había aprobado la tramitación parlamentaria de la Regularización Extraordinaria.
Se están diciendo barbaridades sobre las consecuencias que esta regularización pueden tener, y queremos aclarar algunas ideas:
- Es completamente falso que la regularización otorgue el derecho al voto. El permiso de residencia no es lo mismo que la nacionalidad. Importante tener esto claro porque se está difundiendo lo contrario. El voto en las elecciones nacionales únicamente lo pueden ejercer los ciudadanos españoles, no los inmigrantes. Y en las elecciones municipales únicamente pueden votar (con ciertas condiciones) los ciudadanos europeos y los de diez países (algunos con muy poca representación de inmigrantes en España).
- En el pasado, gobiernos de todos los partidos que han gobernado en España aprobaron otras regularizaciones extraordinarias. Lo que se busca es dar a esas personas que ya están entre nosotros la documentación que les permitirá vivir con la dignidad que hasta ahora les falta, obligados a malvivir trabajando en condiciones de trabajo sumergido. Con la regularización podrán acceder legalmente a un trabajo, con un contrato, cotizando a la Seguridad Social, evitando tantas situaciones de explotación inhumana que se están dando en el trabajo irregular; podrán sacar o revalidar su carnet de conducir, acceder a estudios no elementales, alquilar legalmente una vivienda, viajar sin miedo, incluso poder visitar a sus familiares en el país de origen y regresar, en una palabra, vivir el día a día con la normalidad de quienes no debemos dar un rodeo por miedo a un control y a una orden de expulsión. Y junto con ello podrán contribuir a la economía del país que les acoge pagando sus impuestos (que ya los pagan, indirectos, cada vez que hacen una compra). Por cada economista (real o supuesto) que lanza un comentario alarmista, hay al menos el doble de opiniones bien fundadas que nos recuerdan que las anteriores regularizaciones siempre han tenido consecuencias positivas para la economía y para la buena marcha del país y para los fondos de la Seguridad Social.
- Oímos que esta medida colapsará los servicios sociales básicos. Debemos aclarar que, al menos en Asturias, los servicios básicos (salud, educación de los menores de edad) ya están garantizados para cualquier persona, tenga papeles o no (aunque a veces con dificultades). Por lo que los servicios sociales no se van a colapsar ahora. Y en cualquier caso pretender que no se regularice a miles de personas que viven entre nosotros, para que no accedan a los servicios sociales básicos, sería una cruel postura que un cristiano no puede defender.
Quienes compartimos nuestro día a día con los inmigrantes siempre escuchamos una palabra:
Sufrimiento. E incomprensión. Ellos no han venido a robar ni a vivir de “paguitas”, como mentirosamente se repite hasta la náusea. Han venido a trabajar y a buscar una vida digna que por diversas razones no encuentran en sus países. Salir de su país, exponer su vida a mil peligros, es una ruptura que no se decide a la ligera, si no es por motivaciones muy poderosas.
De la misma manera que las gentes de nuestras propias familias y pueblos emigraron hace no tantos años, lo hacen ellos a esta tierra que ahora tiene un nivel de vida mucho más alto, y a la que ellos están contribuyendo con su trabajo silencioso en aquellas tareas que nosotros ya no queremos realizar.
Por ello debemos rechazar tanto discurso que está criminalizando a todo el colectivo de los inmigrantes, toda desinformación que deshumaniza a quienes para nosotros los cristianos son hermanos y hermanas que están pasando por una situación muy difícil.
Pongámosles rostros, acerquémonos a ellos y conozcamos su realidad más profunda, más allá de los eslóganes. No, no es cierto lo que algunos dicen: Ibrahima, Lamine, Cyntia, Mamadou, Cheikh, Evert, Djiby, Daríus, Celeste, Kervens, Eleana, etc., no son delincuentes. Y ninguna persona es “ilegal”. Son personas, hermanos y hermanas que buscan lo que todos tenemos derecho a buscar: una vida digna. ¡Bienvenidos sois, hermanos!

Oviedo, 29 de enero de 2026
José del Riego Gª-Argüelles
Director del Secretariado Diocesano de Pastoral de Migraciones y Movilidad Humana
